jueves, 17 de noviembre de 2016

Nunca solas

Es increíble cómo un programa de televisión puede hacerte revivir momentos que creías haber superado. Llevaba varios días leyendo que TVE emitiría ayer, miércoles, el programa Comando Actualidad titulado "Un paso al frente" dedicado a los militares destinados en misiones internacionales (tenéis el enlace al final del post). También leí que dedicarían una parte de él a las familias, lo que me llevó a tomar la decisón de que no estaba preparada psicológicamente para verlo; no iba a poder evitar llorar, ya no sólo por lo cerca que lo tengo todavía en el tiempo, sino porque empatizas con ellos y lo revives de nuevo. Finalmente lo vi, no pude resistirme. Y lloré. Lloré por los que esperaban en el aeropuerto el regreso, por los que parten ahora de misión y no pasarán la Navidad con sus seres queridos, y por la familia de Aarón (caído en Irak) que no pudo disfrutar de la felicidad de recoger a su hijo y llevárselo sano y salvo a casa.
Con todo esto me di cuenta de que hace un año yo estaba en una situación parecida y, de repente, me vinieron a la cabeza unas personas que se han convertido en esenciales para mí. Las mujeres de compañeros de mi marido, a las cuales fui conociendo a lo largo de las misiones. Mujeres que se convirtieron en un núcleo de apoyo entre sí. Cada una con su historia, con su familia, con sus problemas, pero siempre dispuestas a levantarte el ánimo en uno de tus peores días. Recuerdo noches de desesperación, de pensar que todavía quedaban dos meses para el regreso, y leer un mensaje de alguna diciendo tonterías que te hacían reír y olvidarlo todo. De una llamada de teléfono entre lágrimas y colgar a los 40 minutos con una sonrisa.
Pues eso mismo pasó anoche, teniendo en mente a aquellas que sus maridos están a punto de regresar.   Lo que podría llamarse un déjà vu. Móvil en mano, hablando con ellas y recordando momentos especiales que sólo nosotras podemos entender. Y por eso ELLAS son tan importantes, porque a pesar de que tenemos a nuestras familias siempre, sólo nosotras sabemos lo que es, ya que pasamos exactamente por lo mismo. Nos entendemos y apoyamos. Y lo mejor de todo es que esa unión se mantiene en el tiempo, incluso una vez finalizada la misión.
Hoy este post va dedicado a ellas, a mis paracas y a mis mujeres de la guarda. Porque a pesar de que la vida nos lleva ya por caminos diferentes y no nos podemos ver como antes, continúa ese vínculo. Será imposible que nos olvidemos las unas de las otras. Y es muy probable que volvamos a coincidir de nuevo en alguna otra misión. Que no se os olvide nunca que nosotras tenemos durante ese tiempo otra misión: cuidar de la familia en casa mientras los nuestros cuidan de todos fuera de ella.
A las mujeres que lean esto y sus maridos acaben de irse a cumplir con su deber les digo: ánimo, porque la cuenta atrás ya ha empezado. Buscad apoyo en aquéllas que estén como vosotras, porque sin duda lo encontraréis. Al fin y al cabo somos la retaguardia.


http://www.rtve.es/television/20161114/paso-frente/1442802.shtml



lunes, 24 de octubre de 2016

Nunca se sabe cuándo los necesitarás

"Este ejército que ves / vago al yelo y al calor, / la república mejor / y más política es / del mundo, en que nadie espere / que ser preferido pueda / por la nobleza que hereda / sino por la que él adquiere; / porque aquí a la sangre excede / el lugar que uno se hace / y sin mirar cómo nace / se mira cómo procede.
Aquí la necesidad / no es infamia; y si es honrado / pobre y desnudo un soldado / tiene mejor cualidad / que el más Galán y lucido; / porque aquí a lo que sospecho / no adorna el vestido al pecho, / que el pecho adorna el vestido.
Y así, de modestia llenos, / a los más viejos verás / tratando de ser lo más / y de aparentar lo menos. / Aquí la más principal / hazaña es obedecer / y el modo cómo ha de ser / es ni pedir ni rehusar.
Aquí, en fin, la cortesía, / el buen trato, la verdad, / la firmeza, la lealtad, / el honor, la bizarría, / el crédito, la opinión, / la constancia, la paciencia, / la humildad y la obediencia, / fama, honor y vida son/ caudal de pobres soldados; / que en buena o mala fortuna / la milicia no es más que una / religión de hombres honrados."
No hay texto escrito que resuma mejor el espíritu de la milicia. Estos versos de Calderón de la Barca reflejan, desde mi punto de vista, lo que es la vida de un soldado. Y le doy todo el crédito posible, ya que Don Pedro Calderón de la Barca cambió la pluma por la espada en 1623, sirviendo con los tercios en Lombardía y Flandes, siendo un soldado más.
El traer hoy estos versos aquí tiene una sencilla explicación. Como casi todos los años por estas fechas he estado viendo y leyendo en redes sociales distintas críticas o, más bien, burlas dirigidas a los miembros de las Fuerzas Armadas (las críticas son necesarias, las burlas no porque las considero una falta de respeto). En fotos, vídeos y textos se ridiculizaba a nuestros soldados y yo, como mujer de uno de ellos, quiero hacer una defensa a ultranza de su estilo de vida y sus valores. Ya está bien de burlas hirientes a personas que se dejan la vida para proteger a los demás, dejando a un lado su propio bienestar. Basta de reírse de gente que, seguramente, todos necesitaremos en algún momento. Y dado que he comenzado este post citando a uno de los grandes de las Letras Españolas, voy a continuar con otro escritor contemporáneo, paisano mío y miembro de la Real Academia de la Lengua, Arturo Pérez-Reverte, quien no ha sido soldado pero ha convivido con ellos lo suficiente y ha sufrido igualmente a su lado, por su trabajo como periodista, las miserias de la guerra de los Balcanes. En su publicación de agosto de 2015 titulada "¿Para qué sirve un soldado?" relata el episodio vivido en Francia en un tren, en el que unos terroristas armados podrían haber llevado a cabo una masacre como más tarde harían en París. Fueron varios soldados fuera de servicio los que evitaron con su preparación y control que los terroristas se salieran con la suya. Os invito a leerlo, si no lo habéis hecho ya, en www.perezreverte.com. Hoy voy a citar unas pocas líneas que, para mí, son muy importantes: "Cuando todo se va al carajo, y a veces se va, los soldados (los de tu bando, claro) te sacan las castañas del fuego. A fin de cuentas, bien mirado, son gente especial. Dispuesta a afrontar la mutilación y la muerte por poca paga, o por ninguna". 
Esta publicación está hoy basada en palabras de personas muy conocidas en nuestro país. He querido hacerlo de esta forma porque en algunas ocasiones hay que recurrir a toda la artillería pesada para que te escuchen. Aunque sólo sea por una vez. 
Reitero mi apoyo y reconocimiento a todos los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Y les animo a que sigan trabajando con la misma intensidad cada día. Gracias a vosotros estamos más seguros.

viernes, 9 de septiembre de 2016

De Irak al cielo

Ha pasado un año desde que dejé de escribir en el blog. El impulso con el que empecé se vino abajo por diversas circunstancias, entre ellas fue el hecho de que no tuviera demasiadas ganas de indagar en mis sentimientos por entonces. Creo que un año después hay distancia suficiente como para ponerme a ello. O al menos eso es lo que pensaba hasta ayer, cuando me enteré de la muerte del soldado Aarón Vidal López en Irak. El corazón me dio un vuelco e incluso me sentí mareada, porque hace un año mi marido estaba justo allí, desempeñando las mismas labores. Y fui más o menos capaz de sentir el dolor de su familia. No quiero ni pensar en el momento en el que recibieran la fatídica llamada, ni tampoco el susto que se llevarían las familias de los heridos en el suceso (por ahora no quiero denominarlo accidente). Aarón, de 25 años, ha dado su vida por España. En un momento dado decidió que esa era su vocación y ha muerto por ello. Por entregados como él es por lo que sigo creyendo en la honestidad y en la lealtad. 
La misión en Irak toca de lleno a mi familia, ya que en el mes de julio del año pasado sufrimos la despedida durante 6 meses. Recuerdo perfectamente el día que se fue. Eso no se olvida. Decidí acompañarlo al aeropuerto para intentar estar más tiempo juntos. Hacía un calor insoportable (no había aire acondicionado), a lo que había que sumarle los nervios y las lágrimas de las familias, el llanto desesperado de los niños que pedían algo fresco sin saber exactamente por qué sus mamás o papás lloraban, y el desasosiego de los militares que estaban a punto de comenzar un periodo difícil en el que no iban a conocer ni un solo día de descanso. Y allí nos dimos el último abrazo hasta diciembre. Abrazo que no quieres que termine nunca, porque sabes que durante un tiempo no lo vas a poder repetir. Y justo después, cuando volví a casa 4 horas más tarde, fue cuando toda la enormidad de la situación se me vino encima. Me derrumbé como no lo había hecho las semanas ni los meses a anteriores. Pero a pesar del dramatismo, fue terapéutico. Me limpié las lágrimas y seguí con mis cosas, con mis rutinas. 
Por eso creo que he tardado tanto en retomar este blog. Si hubiera intentado escribir algo de esto el año pasado me hubiera sido harto difícil. Ahora soy capaz de hablar de ello con perspectiva y doy gracias a Dios porque todo acabara bien. Por eso esta entrada de hoy va dedicada al héroe Aarón Vidal López, fallecido cumpliendo su deber. Sé que es complicado, pero a su familia le digo algo que los militares repiten en sus actos y oraciones: la muerte no es final. Gracias Aarón, y gracias a tu familia por apoyarte en tu decisión. Otro héroe más llenando el cielo.


miércoles, 24 de junio de 2015

Y la vida sigue...

Y aquí seguimos. Con el curso escolar ya finalizado y sabiendo que el tiempo se acaba. Tras la Semana Santa le dimos la vuelta al reloj de arena y nos percatamos de que está a punto de llegar a su fin. Estaba asumido, pero aún así se hace cuesta arriba. Son días en los que los sentimientos están a flor de piel y la mirada se queda perdida en alguna que otra ocasión. Pero esa cuenta atrás es algo que solo nos afecta a nosotros. Estamos sumergidos en una vorágine emocional que solo unos cuantos conocemos. Lo explicaré con un ejemplo.
En la misión de 2012, antes de ir al aeropuerto para despedirnos, decidimos hacer algo que para nosotros fuera normal, quería llevarse ese último recuerdo. Fuimos a un centro comercial a tomar algo, como habíamos hecho tantas otras veces. La diferencia era que en unas tres horas cogía un vuelo a Afganistán. Y allí sentados los tres, mirando a nuestro alrededor, nos dimos cuenta de un detalle que en un principio me molestó. La gente entraba y salía del supermercado, con sus carritos de la compra; padres y madres hablando sobre la fiesta de cumpleaños de su hijo de la semana siguiente; niños subidos a los hombros de sus padres... Y todos ellos eran ajenos a nuestra situación, ajenos a que en breve él cogería un avión y se iría durante 5 meses a trabajar 24 horas al día, 7 días a la semana. Vamos, que la vida seguía y me enfadé con todos ellos. Mucho. Afortunadamente supe darme cuenta de mi error y pensé en que, como con todo, cada uno tiene una vida y surgen problemas que debemos afrontar con serenidad. Los demás no tienen la culpa.
Durante los próximos seis meses pasaré por varios estados emocionales. Esto es una especie de advertencia a mis "compañeras de armas". Sabed que es normal. Un día os levantaréis con un energía inhumana, os comeréis el mundo y al mirar el calendario pensaréis que no queda tanto para la vuelta. Otro día no querréis poner un pie en el suelo, os sentiréis solas y sin ánimo. Pero sólo debéis pensar en que, al menos, nosotras tenemos la suerte de quedarnos en casa. Con nuestras familias, con los hijos, con los amigos. Ellos se meten en una burbuja en la que el tiempo se detiene completamente mientras que, fuera de ella, la tierra sigue girando. Sus hijos crecen, los de algunos nacen, y cuando vuelven se encuentran con esa realidad de golpe. Debemos ser fuertes por ellos. Que sepan que somos la mejor retaguardia que podrían tener. Ellos hacen guardia allí por todos. Nosotras la hacemos aquí por amor. Mis últimas líneas de este post son un mensaje positivo: en cuanto nos despidamos en unos días le daremos de nuevo la vuelta al reloj de arena contando el tiempo hasta el regreso.


martes, 9 de junio de 2015

Por encima de todo está la misión

El tiempo pasa. Tanto para lo bueno como para lo malo. Y yo, a día de hoy, solo quiero que pase lo más rápido posible. Me gustaría que los meses pasaran igual de veloces que los días. Puede resultar extraño, y muchos pensarán que estoy mal de la cabeza, pero quiero que se vaya de misión ya. Prefiero estar contando los días, tachándolos del calendario, sabiendo que la meta es su regreso que estar viendo cómo pasan las semanas viviendo su ausencia por la preparación y ser consciente de que al final de todo esto se marchará. Hace unos días él mismo me lo dijo. Este tiempo anterior es una agonía, porque es un sufrimiento sin recompensa. Es así.
Intento llevar mi vida de la forma más normal posible. Las rutinas ayudan mucho, hacen que tengamos la mente ocupada y no pensemos demasiado. Pero es inevitable que tenga algunos momentos de tristeza. No por mi, sino al ver a mi marido y a mi hija. Juntos disfrutan muchísimo, ella está muy unida a su padre. Desgraciadamente se está acostumbrando a sus ausencias, y a veces él se tiene que enfrentar a preguntas que a cualquiera le romperían el corazón. Un día se sentó en sus rodillas, le cogió la cara con sus manitas y le dio un beso. A continuación le preguntó: "papi, ¿mañana estás en casa o te vas? Con lágrimas en los ojos le contestó que estaría en casa un par de días más, pero que tendría que marcharse otra vez. Pero su pequeña mente sigue dándole vueltas al asunto, y hace poco quiso saber por qué tenía que irse tantas veces. "Pues porque mi trabajo es defender a la gente y para eso, a veces, tengo que salir fuera de casa", contestó mi marido. Estas palabras me hicieron llorar, porque es una explicación muy sencilla pero cierta. Y lloro porque los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado hacen un trabajo importante, tanto dentro como fuera del país, y ni se les reconoce. Qué trabajo más ingrato desde ese punto de vista. A mi, como familiar directo, me gustaría que se les arropara más, que se les respetara. Les admiro sin límites, porque a pesar de todos los problemas que tienen en su trabajo, de que ellos van a donde les mandan, del sueño, frío y calor extremos, y sacrificios por doquier, hacen su labor con una sonrisa y absolutamente convencidos de lo que hacen. Transmiten valores que yo quiero que mi hija aprenda: honor, lealtad, compañerismo, sacrificio... Por eso mismo, desde este pequeño espacio que tengo a través de la red les doy las gracias a todos. En especial a mi marido, que se ha perdido el primer y segundo cumpleaños de su hija, que este año se perderá el quinto y cuando vuelva habrá crecido tanto que le costará reconocerla. Se va sabiendo que es su deber. Y lo más importante es que yo también. Mi apoyo es incondicional, a pesar de estos meses tan difíciles que nos esperan. Para siempre. Porque como dicen en su ideario: por encima de todo está la misión; el calor, el frío, el hambre, el sueño y el cansancio para mí serán estimulantes.



domingo, 17 de mayo de 2015

"Papi, juega conmigo"

Ya está de nuevo en casa. Después de 10 días en Irak reconociendo el terreno, el viernes llegó a las 6 de la mañana. Entró por la puerta sin hacer apenas ruido. Su primera parada nada más dejar la mochila en el suelo fue la habitación de nuestra hija. Le dio un beso y ella reaccionó al instante dándole un abrazo de los suyos (agarrándole del cuello). Yo me desperté al oír el sonido de la cadena que lleva con su identificación militar y salí corriendo del dormitorio. Me espabilé rápido. Aunque habíamos podido hablar por teléfono un par de días y me tenía informada con algunos whatsapp, le acribillé a preguntas. Aquello es un mundo lejano para mi. El calor, el olor e, incluso, el color me son ajenos. Él, como siempre, me lo cuenta todo con una sonrisa en los labios. Le gusta mucho su trabajo. Es vocación. Pero no nos vamos a engañar, allí está todo manga por hombro: duermen en tiendas, tienen aire acondicionado pero racionado, han empezado a subir las temperaturas hasta los 45 grados... Pero cuidado, que ellos no se quejan. Para nada. Todo lo contrario, valoran hasta el más mínimo detalle.
Hemos aprovechado al máximo este fin de semana. Ya somos conscientes de que el reloj de arena sigue su curso y queremos exprimir al máximo el tiempo que nos quede. A pesar de que han sido 10 días, mi hija ha estado haciendo preguntas, sobre todo con el regreso de su padre. Como todavía no entiende bien cuánto duran las semanas y el tiempo no lo controla, mi madre me dio la idea de ir tachando días. Eso fue lo que hicimos esta semana. El domingo por la noche preparamos un papel con recuadros en los que ella puso los 5 días que faltaban para que volviera papá. Cada mañana, al levantarse, tachaba uno de los recuadros. Así se iba bien contenta al cole.
A mi marido le encanta jugar con nuestra hija. Y, por supuesto, es recíproco. Ella suele decirle siempre: "Papi, ¿juegas conmigo?" Y él nunca le dice que no. Especialmente ahora ya que asegura que, cuando esté de misión, es una de las cosas que más echará de menos.


Estos últimos días puede decirse que he estado un poco más sensible (aunque a partir de ahora será lo más habitual) porque he visto cómo compañeros suyos, y amigos, han regresado después de una misión en Mali. He disfrutado las fotos del reencuentro y me he alegrado mucho por ellos. Pero también he llorado con la despedida de otros que, el mismo día, partían hacia Líbano. Les mando un abrazo enorme. Los tendré en mi pensamiento. Seguiremos con nuestra lucha particular, una lucha que, aunque algunos no lo sepan o no lo crean, es también por ellos, porque somos parte de un todo, y ese todo es nuestro hogar, nuestra tranquilidad y nuestra seguridad.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Esto casi ha comenzado

Todavía me estoy preguntando qué estoy haciendo. Llevo unos días dándole vueltas al asunto y al final he decidido indagar en este mundo de los blogs. Debo reconocer que, en parte, la decisión es algo egoísta, ya que necesito sacar algo que llevo dentro y que hace que por momentos me quede un tanto meditabunda. Pero también pretendo que, en la medida de lo posible, ayude a otras personas que puedan pasar por lo mismo que yo.
El pasado mes de enero mi marido, con la gracia que le caracteriza, me dijo que en verano su compañía despliega en Irak. Como habéis podido comprobar es militar de profesión (y corazón). Lo cierto es que no me sorprendí demasiado porque era un secreto a voces, aunque no lo esperaba tan pronto. A partir de ese momento hablábamos de la misión, pero todavía como algo lejano en el tiempo. Sin embargo, después de Semana Santa la realidad llegó de golpe. El calendario empezó a llenarse con maniobras fuera de casa, con lo que poco a poco dejamos de verlo. 
Se trata de la cuarta misión que vivimos (él viajando y yo quedándome en casa), por lo que la experiencia me va diciendo que esto casi ha comenzado. ¿Por qué? Muy sencillo. Por el puesto que ocupa mi marido tiene que viajar un tiempo antes del despliegue al lugar en cuestión durante unos días. Ahora mismo está en Irak. El domingo se despidió de mi hija de 4 años y de mí y se me quedó un sabor amargo. Revives de repente la despedida en el aeropuerto y sientes cómo el estómago se encoge. Aunque la fecha de salida del primer vuelo está prevista para julio, para nosotros la misión ya ha comenzado. No se trata únicamente de los cinco o seis meses que estén en zona de operaciones, sino que las semanas antes de preparación son igual o, incluso, más difíciles. Son ausencias y certeza de que dentro de poco partirá hacia un lugar en el que hay, como dice mi pequeña, "gente mala". Esos que, como vemos desgraciadamente todos los días en medios de comunicación y redes sociales, no dudan en asesinar y torturar a los que no son como ellos. La historia de la Humanidad es cíclica, ¿verdad? Pero ese es otro tema.
Afganistán e Irak se han convertido en mis peores pesadillas en los últimos años. Imagino que a muchas mujeres y maridos de militares les pasa lo mismo. Pero también sé que hay algunos que no saben lo que es esto. No quiero asustar a nadie, Dios me libre. Simplemente me gustaría plasmar a través de estas líneas mi experiencia y lo que va ocurriendo en casa durante las próximas semanas y los meses de misión. A todas aquellas mujeres que viven a mi alrededor y que van a pasar por esto por primera vez les digo que nosotras estamos hechas de otra pasta. Esto es así, aunque suene un tanto prepotente. Nosotras hemos elegido voluntariamente vivirlo. Pues que así sea.
Foto: Antonio Heredia
elmundo.es